miércoles, 22 de noviembre de 2017

LA SEDUCCIÓN

La dinámica de las relaciones entre los individuos de una comunidad, nacida en la familiaridad, la convicción y el esfuerzo, se reafirma en la repartición de las tareas, y es precisamente con éste acto  cuando nace la Confianza, al saber depender de la acción del otro, tanto para tu seguridad  como tu beneficio. Ella lleva a crear nuevas definiciones en ámbitos hasta ahora ajenos.  Mediante su ejercicio se pone en evidencia, la seguridad en la acción y la certidumbre al término.

Hasta aquí, son hechos reales, aun cuando surgidos de una primera abstracción, la Confianza. Todo ello bajo una convocatoria: el incremento habitual de los inventarios de una sociedad, ya que son ellos los que a fin de cuentas, otorgan, en cada vez,  nuevos beneficios y nuevas satisfacciones, colectivas e individuales, coadyuvando a enriquecer los lazos entre los individuos, construyendo así el tejido social que habrá de dar forma propia a cada eventual comunidad.

Será la vanguardia de sus éxitos los que sumarán conocimiento,  y  la descendencia habrá de consultar a los decanos en aquellos momentos de excepción, a fin de solventar acciones de desempeño, en aquellas tareas para la cual carecen de la experticia necesaria. Así cada quien, eventualmente ordena los aprendizajes que conserva de su experiencia, para el beneficio didáctico inmediato propio y de sus aprendices. Conocimientos que eventualmente le acreditarán  en particular ante el  grupo como maestro. Ello, hasta llegado el momento en que alguien,  comienza a registrar apuntes y códices –con la invención de la escritura–  dando origen a la memoria del colectivo.

Ahora bien, el acervo acopiado por las comunidades de sus maestros y legados a sus sucesores de oficio, sólo ha sido posible gracias a un elemento nuevo en la vida del individuo. La aparición del Ocio como actividad residual a las labores propias de cada quien.

El ocio, es en principio un momento de inercia, producto de los lapsos de reposo entre las labores habituales, que coloca a cada individuo ante una nueva, única y tocante experiencia: la Intimidad. El ocio como novedad, habrá de constituir la base de la intimidad. Es el umbral del soliloquio, los primeros pasos al ejercicio de la individualidad a través de la Imaginación.



En primera instancia, se trata de un proceso ya conocido por vivencia directa, cuando ante una situación real de acción, su experiencia y la complementación de sus compañeros actúan en  una rutina aprendida.  Sin embargo, ahora se trata del   cotejo de una situación totalmente previa a la ejecución propiamente dicha, y en la cual se plantea, participar como sujeto, intuir los resultados y vislumbrar sus consecuencias; lo cual también es en parte familiar, sólo que ésta vez actúa fuera del contexto de una situación real de la acción, es un ejercicio en solitario de imaginación, sobre comportamientos aprendidos, de un evento que todavía no sucede. Es un hecho nuevo y trascendental en la vida de nuestro personaje, nacido, tal vez, en un momento de trance, de un sueño, un letargo, un estado febril, o como consecuencia de un hecho fortuito, como al AB de nuestro cuento del Hijo del fuego(1).  



  Allí la primicia mágica, sobrenatural, el encuentro transfigurado que acompañará a nuestro personaje, La Imaginación,  como revelación, como reflexión. Pero en todo caso como apreciación íntima de gran consideración para el análisis de situaciones y hechos, y muy consciente de su valor didáctico. 
Así, la incorporación del ocio como un elemento íntimo para el desarrollo del campo cognoscitivo del individuo,  lo ha de llevar por dos caminos simultáneos.
El uno, el desarrollo de una disciplina del pensamiento que le otorgará una nueva rutina de ver con una nueva perspectiva su entorno cósmico: La Reflexión.
El otro, el añadido de un ámbito totalmente nuevo y ajeno a él, en donde buscar respuestas a los más variados temas, al intuir tareas y eventos fuera de su contexto presencial, crea pues,  la abstracción de lo que hemos de llamar: El Tiempo. Invaluable herramienta de la reflexión, que seguidamente incorporará al lenguaje, y en la medida de su avance sobre el conocimiento del cosmo, a su entorno físico de acción, dejando huellas irrefutables de la importancia que los tiempos tienen en los diferentes momentos en su quehacer.

Este nuevo conocimiento, desarrollará en el individuo, lo que ha de ser la hipótesis, como proceso previo a una pauta de acción, de la cual dependerá para observar y encontrar relaciones entre él, el paisaje y sus compañeros. Eventualmente formulará, sobre las diferencias entre los momentos y las alternativas, las formas en la cual habría de actuar. Todo ello dentro de la novedad del tiempo, reflexionando sobre su experiencia (el pasado) y un supuesto accionar (futuro) con el sólo propósito de buscar anticipadamente (ahora) una respuesta a un equilibrio entre el logro de una meta (el bienestar) y los acontecimientos (las circunstancias) que debe enfrentar en cada vez.
Convertido el tiempo, en un elemento básico de la reflexión, a tal punto, que puede buscar relaciones puramente didácticas analizando experiencias e insinuar una valoración de resultados, llegando a establecer propósitos de acciones, que en otro momento no hubiera alcanzado a vislumbrar y menos a realizar.
De esta manera, evalúa el riesgo sin la premura del  momento de la acción propiamente dicha y todos aquellos  elementos ligados a la acción, como los flujos hormonales necesarios para enfrentar situaciones de peligro, sea su participación en solitario o colegiada.


Sin embargo, en este novel proceso, cualquier conclusión le puede llevar a una alternativa cierta o falsa. Pero en todo caso, es un ejercicio mental nuevo, cuyo resultado dependerá de la disposición de los datos, la circunstancia  y su acertividad  para elaborar la propuesta. Lo cierto es, que en la medida que éstos tengan una aplicación y una  finalidad real, el conocimiento habrá de convertirse en Sabiduría..

De la decisión que tomen los demás individuos en participar en eventos promovidos  por nuestro personaje, aparecerá el líder y al éxito de su iniciativa, lo acompañará un nuevo elemento: la Fidelidad. La cual se inscribe como sustantiva en el quehacer franco de los hombres, basada en la adhesión libre e instintiva a las diferencias individuales.

Aquí debemos detenernos para considerar la presencia de la mujer dentro de la dinámica del grupo.
Ella, en consecuencia a su eventual maternidad, debe permanecer, en sitio seguro, durante y posterior al parto. Ello la coloca en una particular posición, alejada de los peligros que enfrentan sus compañeros, lo cual le permite incorporarse a las decanas y desarrollar un nuevo aprendizaje durante la cría y custodia de los vástagos,  no sólo del desarrollo físico de los mismos, además incorpora lo que habrá de ser el lenguaje y la pintura como herramientas didácticas, al aprender y proponer un sistema de comunicación entre ellas y los párvulos, para la enseñanza de hábitos y disciplina de convivencia, que promoverán el vínculo afectivo primario necesario para la existencia del grupo. La identificación de personajes y jerarquías, las criaturas y el peligro Nace así, de la mano de la mujer, un proceso de formación en un ambiente primario de sedentarismo, Todo ello regido por un orden simple y positivo: la valoración de algo es bueno, algo es malo. siempre  dentro de un contexto familiar como disciplina de grupo.simiente de lo que habrá de transformar la organización grupal, el espíritu de la sedentaridad.


Estamos en presencia de una nueva dimensión humana que habrá de evolucionar, a partir de la organización maternal originaria, a otra mas amplia que se prolongará en lo que hemos de llamar: Amistad.
De cual ejercicio, nace eventualmente la domicialidad. Práctica que se evidenciará con la aparición de los primeros asentamientos humanos, como testimonios de las relaciones sociales  que existieron  desde tempranas épocas.

Nuestro personaje comunero, ha trascendido, asido a la confianza, la fidelidad y la amistad a la seguridad del ejercicio de una nueva ocupación, el líder, reconocido e instituido por sus pares en la comunidad.
Hasta este momento el individuo se hacía un ser libre como miembro del grupo social, dentro del cual eran aceptadas las diferencias individuales como naturales, nacidas en la disciplina de las maternales guarderías.
Sin embargo, el crecimiento poblacional y el contínuo desplazamiento territorial, los llevan a tener contacto con otros grupos, contrastando diferencias sociales de supervivencia, que permite: en un primer momento, el intercambio de bienes, luego la colaboración eventual para la obtención de bienes necesarios para ambos, hasta llegar a la interrelación entre individuos  y consecuencialmente en la absorción o incorporación de un grupo a otro, formando una comunidad ampliada, en número, en experticia y especialmente, en aporte genético.

De la adaptación al incremento poblacional dependerá el éxito del nuevo grupo así conformado, básicamente bajo el mismo orden social original, el respeto y reconocimiento del otro como par, en especial en sus atributos particulares, siempre basado en la disciplina maternal originaria.

Nuestro personaje ha evolucionado, con nombre propio, de discípulo, a instructor y a maestro, para luego como consejero y decano transformarse, en algún momento de su devenir social, en magistrado, al incluir  en una inédita y obscura reflexión,  una  nueva valoración: lo Justo.

He aquí un punto de inflexión en la evolución del orden social. Al aparecer, junto a lo bueno y lo malo, lo justo.
El comunero habrá de convertirse en sujeto de un nuevo orden. Emerge el derecho a lo justo y prorrumpe así la entelequia de la ley en la vida de los comuneros.
Ahora, pasa a ser, aunque aun, un ser igualmente reconocido dentro  del grupo, a ser igualmente un ente anónimo, tanto en cuanto sea miembro del grupo social regido por unas determinadas normas de conducta, escritas o no, que habrán de regir la vida de los individuos ante la eventualidad de las discrepancias entre ellos.
Nace el ejercicio del derecho natural como custodia de los derechos del individuo y con la ley como protección, ésta se convierte, en consecuencia e instantáneamente, depositaria única de su libertad de acción. Ya no habrá un orden social implícito que acepta las acciones de los individuos per se. Ahora, el grupo se rige por normas convenidas, en común acuerdo o no, y administradas por un órgano comunal. Nace la invención de la Comunidad.


Hemos de apuntar, que tal situación sólo aparece cuando las acciones del grupo, propenden a incrementar  el bienestar general. Por cuanto, surgen nuevos enfoques sobre las necesidades básicas y sus satisfacciones, al aparecer nuevos elementos que crean satisfacciones sucedáneas. Pero además, y quizá lo mas trascendental es la aparición de nuevas necesidades como consecuencia de esos nuevos elementos que suman bienestar. He aquí, precisamente el ámbito de las relaciones anónimas de los individuos, al valorar la participación de los individuos en ese bienestar añadido: ¿Quiénes han de participar? el Cuánto y el Cuándo.
A partir de entonces, el grupo deberá incorporar el nuevo bienestar en armonía con el crecimiento de las expectativas individuales y familiares. Lo ajeno pasa, de ser un hecho aceptado naturalmente como atributo de los demás, a ser un elemento de carencia propia. Básicamente cuando las expectativas de obtención de bienes no se cumplen: Nace la escasez como elemento a ponderar dentro de la pauta para impulsar el desarrollo del grupo y su supervivencia, lo cual acarrea una diferenciación de valor entre los bienes disponibles de la comunidad.
Según sea el éxito en la asimilación de los valores de los incrementos de ese nuevo bienestar, la comunidad habrá de alcanzar o no, una estable y próspera armonía social.


Curiosamente, para cuando esto acontece, el individuo, ya mucho antes, producto de esa misma experiencia transensorial, había emprendido el cuestionar su posición, no sólo dentro el grupo, sino dentro del contexto del paisaje que le rodeaba, especialmente al observar el firmamento y el aparente inmutable movimiento periódico de los astros.
Comenzó  estableciendo paralelismos entre el suceder cotidiano de la vida de los hombres, los acontecimientos recurrentes en el paisaje y el ordenado paso de los astros por el horizonte sideral. Relacionando cada paso de los diferenciados astros con los eventos terrenales, llegando a entrever coincidencias en la repetición de eventos: el astro sol le informaba del transcurrir del día; la luna de los diferentes días y la bóveda sideral, de los tiempos de abundancia y de escasez. El cómo, cuáles y el cuándo,  de  los mejores cotos de caza, y cuando ya sedentario, de las mejores cosechas.
Todo lo cual, le lleva a adentrarse en el estudio metódico de la  observación celeste y lograr asombrosos progresos en materia de identificación astronómica a temprana época de desarrollo social comunero. Conocimiento que utilizará para proyectar los supuestos efectos siderales sobre los acontecimientos sufridos por la vida alrededor de los diferentes paisajes, en su nomadia,  dando por sentado el suceder de los algunos hechos en diferentes parajes. Para lo cual crea sofistiados puntos de observación referencial, que apuntan a momentos específicos, para alcanzar una meta desde ese sitio, sin que ello signifique que habiten el sitio en particular. Para todo lo cual existen suficientes evidencias a lo largo y ancho de los diferentes continentes.

Más tarde se atreverá a aplicar ese conocimiento, al devenir de la vida individual, irrumpiendo en el novel campo esotérico; dando paso a una relación íntima con el campo sideral, al otorgarle una capacidad anímica a los cuerpos celestes,  y  una jerarquía de gobernabilidad por sobre los hombres y las cosas.

Aparecen las deidades en la cotidianidad  del hombre y el asignarles particulares poderes a las mismas. Le atribuyó funciones de dadoras de dones ─como ejemplo, Nasiba, la deidad sumeria asignada a la escritura─ y así sucesivamente fue asignando a cada labor humana una especial protección esotérica con su respectivo castigo por faltar a la fidelidad, llegando a construir complicados mapas celestiales en función de los caracteres de los individuos mismos (astrología) extendido, por asociación a los eventos catastróficos naturales terrestres.

Llama la atención que las primeras deidades van asociadas a la mujer, quizás por reconocer en ella la primera evidencia de dadora de vida y alrededor de la cual giraba la estabilidad doméstica del grupo. Aparece el matriarcado como consecuencia natural, derivada de la adaptación domiciliaria temporal del nómada y luego trashumante  ─para entonces, nuestro personaje había domesticado su ganado─ cuando eventualmente surge la residencia ligada a la agricultura, a tal punto, que , podía residir en un lugar permanente, con la economía de los cultivos de pastos.    dando origen a poblados estables, aun cuando los primeros poblados estaban relacionados mas con el comercio, como puntos de encrucijadas de rutas trashumantes.
Se mantiene la regla original de la división del trabajo, dentro de la cual eran aceptadas y respetadas las diferencias individuales, como naturales y como atributos: la esencia de la familia. La organización prístina, maternal y natural que adoptó por convicción el ser humano para convivir y progresar como sociedad. Quizá el único momento histórico del hombre en el cual empezó a ejercer la esencia de la  libertad dentro de un grupo social.

Cuando descubre el sexo como
un bien que retribuye particulares satisfacciones, incorpora éste a la dinámica de los valores de la sociedad, como un elemento que ha de crear nuevas y complejas relaciones sociales, que van a cambiar: desde las estructuras complicadas  de la esclavitud, hasta  la misma gobernabilidad de la sociedad, incluyendo por tanto a la familia misma.


Con el propósito de encontrar, el origen y cuál su fortuna o destino, dentro del contexto de su relación con el universo, surge un nuevo cuestionamiento en la existencia del individuo: la  dimensión escatológica. En este momento, la respuesta surge de su presencia ante el contexto del paisaje, al observar que el horizonte sideral, aunque imperturbable ante la existencia de los hombres y las cosas,  él y las cosas son parte del mismo al ser parte del paisaje, aun cuando él sienta sea temporal con respecto al paisaje.  Sin embargo, ha de observar, cómo las cosas y los hombres de alguna misteriosa manera regresan también de su temporalidad: el agua regresa del cielo, los hombres mueren pero siempre nacen mas,  lo que lo llevará a la convicción de una naturaleza eterna, atribuida a la gracia de los astros. Así, habrá de transfigurarse en un ente totalmente distinto, que ha de trascender la ya consciente limitación y temporalidad  de su circunstancia corpórea y finita, a otra ideal y eterna, de la cual se cree perteneciente por revelación.

Sea divina o no, es un planteamiento existencial que ha de acompañar a nuestro personaje hasta tanto conserve su libertad, porque aun negando tal circunstancia escatológica, es afirmación de su existencia en ejercicio de su libre albedrío.


Ea pues! además de aprendiz, maestro, decano, magistrado y astrónomo, nuestro personaje, para entonces, habiendo ganado un alto grado de reconocimiento en los quehaceres comuneros, el oficio de administrador, se complementará con el estudio esotérico y le convierte en  sacerdote, ya no por justicia,  sino como tutor del temor a lo oculto.
Ya las deidades, invaden el poder de los líderes y los torna: de negociadores en gobernadores, de conciliadores en guerreros y a los triunfadores los invoca de soberanos y sólo el sacerdote los instaura.
Ahora nuestro personaje se sabe importante y se intuye como indispensable, aun ante cualquier autoridad terrena. Surge la política como acción administrativa del ente social.


Para entonces la organización social ha devenido en una compleja comunidad y ha sucumbido a la dependencia de un sobrenatural patriarcado. Ahora el rey, por subrepticio designio, es el supremo juez, substrayéndose y colocándose por sobre todos los individuos, transfigurándose en la personificación de la ley como una deidad más, y por tanto, custodio único de la libertad de los individuos. Se quebranta, de facto, el orden natural del derecho de los hombres.

Roto el precario vínculo de igualdad entre los individuos, surgen la dictadura  –desde la absolutista hasta la comunista– como régimen de organización social. Habrá desaparecido la libertad prístina de los individuos y llega para quedarse, la servidumbre y la esclavitud, en sus mas vanas formas.

─Ahora  son dioses y no diosas y el soberano entre ellos─.


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EPÍLOGO

Caía la tarde y una suave garúa lavaba la sangre del rostro de aquel que, descolgado, y ya en la piedad  de los brazos de su madre, yacía su silencio Cuando de pronto, unos anónimos samaritanos, con respecto y eficiencia  lo levantaron de su  regazo y lo envolvieron en unas sábanas blancas.
Ella, en un breve suspiro, como un salto en el corazón, tomó la mano del joven que la acompañó de pie en su soledad, y los dos, como  único séquito, desandaron el dolor del calvario, hasta llegar al sitio adonde le habían llevado.
De pronto, estar otra vez allí, frente a él, tendido sobre la frialdad, solo y en ajena tumba, en su "justo" silencio. ─Sobresaltados al  sentir el golpe de cierre del nicho. Como un espasmo, solo un apretón de manos, los unió como madre e hijo, como un sello de vida─.
Ella rodeó los hombros del joven y con suavidad pero con firmeza maternal, lo condujo fuera del sitio y emprendieron el camino de vuelta.
Ya todos esperaban en incómoda congoja y velada culpa ante el miedo de haber corrido la misma suerte. Sus ojos evitaban los de ella, pero al mismo tiempo le buscaban, tratando de encontrar respuesta y perdón al mismo tiempo. Sin embargo, su calmo silencio los inhibió de decir o preguntar, en toda la habitación sólo se sentía  la autoridad de su serenidad como un susurro de oración.
Mientras esto sucedía, en ocultos cenáculos, celebraban por separado. Los unos, la autoridad constituída: el haber complacido a los locales en sus mezquinas exigencias sin tener que inmiscuirse en sus sórdidas tramas; y los otros, la pseuda representación figurativa del pueblo: el haberse librado otra vez mas,  de aquellos que podían amenazar el status quo de sus intereses y privilegios.  

Tres escenarios y una sola consecuencia. Todo permanece igual: la autoridad continúa en control a través de los mismos líderes del “sanedrín”, subordinados convites de la cesária autoridad; y la comunidad sigue en un continuo carnaval circense de dádivas.


Los tiempos cambian y los mezquinos siempre tropiezan con la misma piedra

HAM



dedicado a ni nieto Gabriel en su 11° cumpleaño. 


Las pinturas expuestas son de la autoría de Nene Laclé
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sábado, 14 de mayo de 2016

DE JUAN A JUAN  

Hermano, discípulo, apóstol y amigo.



                    Preámbulo

En la espera de sus amigos, observa: cómo, la tiniebla se teñía de promesas entre el rosal y proclamaba el amanecer.  

Una gota de rocío pende del terso pétalo en un capullo. Detenida, recibiendo cual beso, el retrato de su anfitrión. 
En su amistad  convierte el momento en una minúscula fiesta de luces y colores, hasta el punto de remedar  al mismo universo.  Es un reto a fuerzas que, detrás de cada imagen, construyen la creación sin pausa. Mientras que las imágenes solo nos hablan de la inmediatez de la eternidad a través de la luz.

Sin embargo, cada imagen no gravita  su carga asida a su anfitrión. En cuando éste se lanza al pie del rosal, el retrato del capullo se convierte entonces en una vorágine de instantáneas, cada una de ellas suspendidas en el tiempo. 

Simple, llano, y sin embargo, trascendental hecho.

–Reflexiona, el anciano en su espera–

Así de breve está apostada la vanidad del hombre en su naturaleza. Aún, cuando sus mejores intenciones le dejen llevar, se ase a ella. La imagen en sí, es sólo eso, retrato de lo temporal, de lo fugaz, por lo tanto perecedera. Ah! pero conlleva una poderosa naturaleza, la presencia, y es verdaderamente a ésta a la que se aferra el hombre, atrapado al recuerdo. Ésta es: declaración de cabida, código de  adhesión, la conciencia del hombre a ser.

No obstante, la presencia así concebida, convertida en sólo imagen, es una ilusión de ser y la angustia de su brevedad extravía al hombre, por senderos que desembocan en la quimera, en el delirio, y con ello, en un consecuente y constante destruir y reconstruir para fundar, una y otra vez: concertando y atesorando  imágenes a través de los sentidos, con el sólo afán de conjurar el extravío.

Será el placer el límite y el deseo el vínculo, al resaltar una imagen de evocación, celebración o aclamación; al intentar legar testimonio de su presencia y perpetuar su singularidad frente a sus colectividades, antes de la irrevocable prontitud de cada inmediatez –intuido preámbulo del final–

La trascendencia de su intensión, dependerá pues de la anuencia de aquellos que lo confronten a través de legadas estampas, pero, quedará siempre en el umbral de la temporalidad.


La historia del hombre da cuenta de sus testimonios y conjetura sobre los sucesos, inmersos éstos en las trascendencias de su actuar,  de aquello que le produce: alegrías y lamentos, apegos y rencores, excesos y privaciones. Todo librado en las entrañas de sus pasiones, bridas de su entelequia.

La iconográfica alrededor de una anhelada visión, ceba el ámbito de la presciencia, al punto de la presunción. Ya no es la imagen del recuerdo. Éste ha dejado lugar a la imaginación y ya no son ojos los que ven, es la ilusión, el designio. Es la fantasía la licencia de crear las propias colecciones: laberintos inefables  en busca de permanencia; columnas de parcialidades como expedientes de vida. Usurpador afán de fundar una presencia. ¡Ahora, etérea! ¡Ahora fantástica! ¡Ahora jactancia! Siempre temporal.

Cada personaje, confina su eventualidad a la circunstancia de solitarios momentos  de decisiones. Son momentos de fidelidades suspendidos entre él y su génesis.  Momentos de observar con sabiduría y de un tiempo consecuente para el proceder. La virtud  o vanidad del actuar, descansa en su arbitrio y su consecuencia deambulará entre los hombres, pero la presencia es juicio de entrega o beneficio.


–Cavila ahora el anciano–

Era aquel, escogido de entre los hombres, quien atestiguaba del testimonio del Hijo y de todo lo que había visto. 

Exilado del mundo, habló desde el éxtasis, ante los perseguidos recogidos en aquellas siete –históricas– congregaciones. Sin embargo, su mensaje, en su temporalidad alcanza lo cósmico siempre presente cuando fuerzas opuestas contraviniendo lo concebido, invocan un final. 

Es entonces, cuando recurre a imágenes aprendidas de todo aquello que recrea el recuerdo o la imaginación de los escuchas,  para descubrir lo revelado que ha de suceder. 

Son las colecciones de apegos adosados a la intimidad de apasionamientos, que fundan en cada quien, la dualidad de su acontecer: su virtud y su orgullo. Evocadas y simbolizadas en boca por un acusador, la consciencia, ya no como esas colecciones de parcialidades, sino como un todo de intenciones y actos, que denuncian el bien o daño causado, será justificado o reo de su iniquidad. Sin embargo, juega en cuenta suya, tanto el haber sucumbido al impulso sin reparo al daño, cómo también, y más importante, el reconocimiento del mismo y su arrepentimiento e intención a la  reparación. Para que la enmienda sea franca y definitiva, solo transitando el camino de la fe, alcanzará la ataraxia para lograr  la misericordia y regresar al orden natural de su esencia, la gracia.



La otra presencia, aquella, que como el agua, también nos habla de ella cual promesa. Ya no es una imagen prendida la que evoca una pertenencia. Es ella la razón misma de la creación.  Está allí desde el principio. Sólo de eso se trata, vida, y vida en abundancia en un continuo crear y  siempre es el principio. La amistad entre los elementos, es el vínculo entre el creador y su obra, la dinámica de la creación, revelada al hombre.


La vida ya es lo que es, un ahora en la eternidad. Sólo contamos con la palabra para poder estar al tanto y comunicar la trascendencia del hecho. Sólo ella nos da la luz para describir más allá del acto, su canon y así tratar de comprender la proposición y con ésta la expectación.

Ahora bien, a expensas de las imágenes, el mensaje descansa  más en la fuerza primigenia de la vida, que en la temporalidad subjetiva  de las imágenes. Es un mensaje de consolación al desvelar detrás de cada penumbra, lo misterioso y enigmático de lo irracional de lo oculto que promueve la intención de velar lo creado. Un mensaje de reconciliación en virtud de la gracia dada al hombre, de continuar la obra entre los hombres a expensa de las tinieblas que lo cercan.


–Sonríe el anciano–

Ante el recuerdo del joven aquel, que en una tarde cualquiera, en desenmarañando una red de pesca, buscando sus flaquezas, para repararla y poder salir de faena. Su atención se desvió hacía el rumor de gente, que se oía cual tumulto, al tiempo que su hermano, al lado le decía:


     ¡Ése!  El mismo del que habla Juan–

Desde entonces, todo cambió y comenzó un insospechado andar al lado de sus hermanos. Un trajinar por caminos ignotos en la memoria humana, que habría de conducirle a los más inesperados escenarios como testigo de hechos únicos y transcendentales y convertirle en un instrumento de rehabilitación.

Érase el caminar de un adolecente, que seguía con asombro, acompañado de la vanidad del novato en un grupo, que en recorriendo caminos eran vitoreados, sin él mismo saber el porqué. Presenciaba actos que no comprendía más allá de las imágenes que se atropellaban  frente a si y solo experimentaba el sabor de la aprobación de las gentes. Fue aprendiendo del carácter de los personajes, según los percibía su propia ingenuidad: los anónimos seguidores que variaban según sus intenciones y propósitos, y los compañeros, entre los cuales era el más joven y el solícito hacerdor de mandados. Su entusiasmo y apasionada dedicación e inocencia, lo remitía a la aceptación de  cada uno de los discípulos y en especial del maestro mismo.  

Y de repente estaba allí. Solo, inmovilizado por el miedo, sin poder cavilar, acompañando a una madre frente a su hijo que agoniza   a manos de las argucias de los hombres. 

Los acontecimientos lo sobrecogían al punto de no poder pronunciar palabra alguna. Y, ante la ansiedad de la noticia, corre hasta el umbral del comedimiento, del respeto a la jerarquía y del valor, en espera de los testigos: del vacío de la cripta y del orden de los lienzos. Eran hechos que se sucedían al filo de la memoria, pero, los acontecimientos se precipitan a la historia.

  
Abrumado, ante los hechos, con amor de hijo, aceptó aquella madre que perdió a su hijo por el perdón de los que no saben lo que hacen, y a quién hereda en su nombre. 
Sólo cuando la incertidumbre concurrió junto a la pregunta, y bajo la cotidiana conseja maternal, las imágenes empezaron a tener comprensión en la palabra expresa, y poco a poco, las pasiones del hijo del trueno, encontraban un propósito en su frágil trascendencia humana. 

Con ello, el joven creció en adultez de la mano tutelar de aquella que le acoge como el otro hijo, y a quien acompañó  y proveyó  protección y sustento, mientras su templado verbo le fue llenando de sabiduría y compasión.

El otro Juan. Perseguido, relegado, apresado, juzgado, desterrado, pero también respetado, obedecido  y amado, fueron sus correspondencias con las colectividades y personalidades que encontraría a lo largo de los años. La intimidad de su discurso, directo y sencillo, develó a cada uno, el recado recibido para que se transmitiera con la vocación de la instrucción recibida, cual testigo sobre todo lo visto y oído, con la candidez de la amistad del niño que siempre habitó en él, pero con la elevación de espíritu del águila.


EPÍLOGO

Era la vida misma evocada en una gota de rocío que pendía en éste ahora de paciencia. Una espera siempre vigilante del amigo que  se fue y que ha de regresar, y de la inmediatez de aquellos que con diligente afecto, sabe que han de venir para llevarle hoy a la asamblea, dado que los años pesan y los pies ya no alcanzan a dar un paso.

De repente le fue extraño conjugar las dos esperas en este preciso momento. Era como sentir la presencia de un coro de ángeles, en la medida que la tiniebla cedía ante la aurora, anunciando otra vez, cuál trompeta, el arco iris de  la esperanza. 

El silencio, cual regalo, invoca el recuerdo de la ofrenda:

–Sonríe y susurra, aquello que nunca se cansó de repetir–


“Amaos los unos a los otros”
De pronto. Ya no es el pétalo el que alberga una gota de rocío. La visión del buen anciano se nubla: recibe de improviso una visita que retrata la luz que invade al rosal y cegado contempla el milagro de la creación.

Dos gotas, ahora espontáneas, relatan más allá de lumínicas imágenes, la belleza de la creación, la presencia,  la luz y la amistad que las une, el amor. 

 Así, vencidas a sus inexorables retos, se lanzan al unísono compás de la naturaleza en un solo salto y quedan suspendidas en un éxtasis arrebatado al tiempo.